ACTIVE AGING +50
VIDA ACTIVA
Una VIDA ACTIVA para un ENVEJECIMIENTO ACTIVO
Por Silvia López Alonso
Una Vida Activa, para un Envejecimiento Activo
Estamos siendo testigos de un cambio demográfico global único en la historia de la humanidad en favor de una población más mayor. Sophie knight en su artículo para The Guardian manifiesta que, hacia el año 2020, por primera vez, la población global de personas mayores de 60 años superará en número a los niños menores de cinco años. En Tokio, por ejemplo, donde casi un cuarto de la población tiene más de 65 años, se ve obligada a trabajar por encima de esta edad, no como un triunfo personal sino más como una verdadera necesidad (Knight, 2016). Estas poblaciones con alto censo de mayores de 65 años se están expandiendo por las áreas no urbanas de los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como Lisboa, Milán, Barcelona y Tokyo. Contrariamente a lo estimado, no es sólo un problema de Japón y Europa, pues para el año 2050, se espera que la población mayor de 65 años, aún más en los países en desarrollo, sea triple, superando a la tasa de crecimiento global (Knight, 2016).
Así es, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros arrojan datos, como poco, impactantes al respecto “se calcula que el número de personas mayores de 60 años se duplicará de aquí a 2050” (OMSa, 2015; Tatti, Rossi, e Innocenti et al., 2016; López y Montoro, 2009, p. 255). OMSb declara que, actualmente el promedio de vida es de 70 años frente a los 47 de la década de los 50. Si bien hay que añadir la baja tasa de natalidad y de mortalidad. Que incluso en los países más pobres sus habitantes son más longevos:
“En los países de ingresos bajos y medianos, la baja mortalidad se debe en gran parte a la notable reducción de la mortalidad en las primeras etapas de la vida, sobre todo durante la infancia y el nacimiento y de la mortalidad de enfermedades infecciosas”
Así es, todos los hechos han contribuido notablemente a que en muchos países las personas vivan más años (Knigth, 2016). Estos acontecimientos, no sólo permiten que nuestros mayores lleguen a la edad de jubilación saludables, sino que además puedan disfrutarla libres de la presión del horario laboral y las exigencias de un trabajo remunerado.
Efectivamente, gracias a la calidad de vida con la que se llega al final de la etapa laboral remunerada, muchos retirados gozan ahora de su tiempo libre pudiéndolo dedicar a todo aquello que no hicieron mientras fueron asalariados. Disfrutar de la familia, los amigos, aficiones, viajar, etc. Hoy la jubilación se vive como una etapa dorada en el proceso del ciclo vital del hombre. Pero sin carácter vitalicio, porque la salud ahora comienza a sufrir los primeros síntomas de retroceso que originará cambios importantes en la calidad de vida y todos van a sumar en favor de menos salud y autonomía personal.
Así es, después de los 60 años se hacen notar las pérdidas de audición, visión y movilidad, también son frecuentes los accidentes cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer o la demencia (OMSa, 2015, p. 13). En algunos casos, más de una a la vez, con posibilidad de combinarse con los trastornos de sueño, pérdida de masa muscular, problemas internos digestivos, de riñón, psicológicos como la depresión, etc. Además de los trastorno degenerativos en menor o mayor medida como el Alzheimer y Parkinson entre otros. “La demencia y la depresión son los trastornos neuropsiquiátricos más comunes en este grupo de edad” (OMS, 2016). A continuación se adjunta tabla con las enfermedades más comunes después de los 60 años.
En el mismo sentido de cosas, el cese de las rutinas que comportaba el trabajo remunerado origina ahora relevantes giros en la vida social del jubilado. Pues acontecen las pérdidas de los familiares más queridos como el esposo o la esposa, compañero o compañera, o amigos. Los hijos ya no están en casa, -con un poco de suerte puede que vivan a varios kilómetros de distancia. Con todo, lamentablemente, llegada la senectud, la actualidad constata que los viejos agobian a sus hijos porque sus ritmos vitales, hábitos y tiempos no son compatibles.
Evidentemente, la actividad fisiológica y la capacidad de hacer frente al medio como lo son la atención, los sentidos, los reflejos, la memoria, el razonamiento y las funciones ejecutivas se reducen paulatinamente dificultando en menor o mayor medida la gestión de las actividades rutinarias del día, lo que obliga, en no pocos casos, a dejar de hacerlas por el riesgo que les puede suponer para su persona (Pablos, 2004). Se ralentiza el tiempo de procesamiento cognitivo, de reaccionar ante una situación de emergencia, una caída, el simple andar, ahora son acciones que requieren más tiempo para ser ejecutadas.
En consecuencia, después de los 65 años, en muchos casos, el carácter se malogra y la tristeza y la soledad se suman como elementos psicológicos de morbilidad del envejecimiento, pudiendo llegar en algunos casos a la muerte. “Las personas mayores, como los demás, necesitan sentirse queridos por quienes le rodean y, en consecuencia, ser capaces de expresar recíprocamente ese mismo sentimiento a los otros” (Herrera y Guzmán, 2012, p. 71). Otra de las complicaciones que se dan en estas edades es la necesidad de material accesorio especializado por muchos de ellos, para poder desarrollar su vida diaria con normalidad. Bastones, andadores, carritos, sillas de ruedas, etc., forman ahora parte del día a día de muchos mayores que por lo general crean numerosas y variadas dificultades para desenvolverse en los espacios propios dentro de la vivienda y los públicos. Evidentemente, tener una población de más de 65 años que envejece revela la buena salud que disfruta un país y, en consecuencia, el aumento de la esperanza de vida. No obstante, siendo inevitable el declive biológico o vejez que se presenta al final del ciclo vital del hombre, el estilo de vida puede acelerar o decelerar la involución de las condiciones físicas y psicológicas que se dan.
Efectivamente, las capacidades fisiológicas, psicológicas, biológicas, sociales, todas sin excepción, van a sufrir una reducción con respecto a las precedentes. En algunos casos van acompañadas de enfermedades complejas como la diabetes, hipertensión y trastornos o enfermedades degenerativas. La jubilación y los cambios de hábitos que conlleva, las pérdidas de familiares y amigos. Evidentemente, pasados los 65 años, se dan numerosas pérdidas que abocan al hombre, en el medio o largo plazo, a la dependencia. Frente a lo cual, el ejercicio físico es un trabajo holístico que aborda a toda la persona y guarda una estrecha relación con el funcionamiento del Sistema Nervioso. Estimula el buen ánimo y las mejores disposiciones para la actividad física y lúdica, las relaciones sociales, el humor, la participación y la convivencia y los valores y virtudes que de ellos dimanan. Como la cooperación, el esfuerzo, la voluntad, la gestión y afrontamiento de la frustración, la gestión cognitiva, la movilidad articular y fuerza muscular, agilidad, destrezas. En consecuencia, la autonomía personal y el bienestar. Por todo ello, Active aging +50 quiere promover en su web la práctica habitual del ejercicio físico y el deporte moderado porque los considera elementos integrantes del envejecimiento activo.
Referencias: Herrera, P.A. & Guzmán, H.A., (2012). Reflexiones sobre calidad de vida, dignidad y envejecimiento. Revista Médica Clínica Las Condes, 23(1), 65-76. Knight, S. (2016). Which cities have the oldest residents? The Guardian. https://www.theguardian.com/cities/2016/apr/27/oldest-residents-elderly-ageing López, D., y Montoro, C. (2009). Demografía. Lecciones entorno al matrimonio y a la familia. Valencia. Tirant lo Blanch. OMSa. (2015). Comunicado de prensa, 30 de septiembre de 2015. Ginebra. OMSb. (2015). Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud. ISBN 978 924069487 3 OMS. (2016). La salud mental y los adultos mayores. Centro de prensa. Abril 2016. Recuperado de http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs381/es/ Pablos, C. (2004). Las características psico-fisiológicas de las personas mayores y aspectos a considerar en su mejora de la condición física. Jornada de formación permanente gva. Recuperado de www.cult.gva.es/dgd/form_amb_deportivo/JORNADA…/Carlos_Pablos.pdf Tatti, E., Rossi, S., Innocenti, I., Rossi, A., y Santarnecchi, E. (2016). Non-invasive brain stimulation of the aging brain: State of the art and future perspectives. Ageing Research Reviews, doi: http://dx.doi.org/10.1016/j.arr.2016.05.006
INICIO DE LA ACTIVIDA FÍSICA
Cuando te hayas decidido a comenzar con la práctica regular de la actividad física y eres mayor de 65 años, debes comentarlo a tu médico de cabecera para que te aconseje qué es lo mejor para ti. En todos los casos, debes empezar y finalizar con ejercicios suaves y de estiramiento para preparar los músculos a la actividad. Cuando sientas dolor debes parar, utiliza ropa cómoda y procura beber un botellín de agua de 50cl en cada sesión aunque no te apetezca beber. Es muy importante estar hidratados y después del ejercicio físico, aunque el cuerpo no te pida sed, no significa que no necesites beber. Al contrario debes de hacerlo con regularidad.
Evita hacer el ejercicio físico solo, búscate amigos para estar motivados e ir juntos al centro municipal, privado o por vuestra propia cuenta. Empezar por actividades que os gusten para no perder la ilusión, no obstante hay que hacer también lo que no os gusta y os está permitido. Es muy importante no perder el optimismo y el buen humor para que la práctica de la actividad física sea frecuente y perdure en el largo plazo.
