ESPIRITUALIDAD
La espiritualidad en el final del ciclo vital del hombre
La armonía y la belleza de la Creación conducen a Dios
Cuando una persona contempla la perfecta y hermosa naturaleza, cómo conviven en armonía todos los seres vivos cualquiera que sea su procedencia, los campos y sus frutos, las flores, la arena, las rocas, los vegetales, insectos, aves, animales terrestres, marinos y anfibios, árboles, montes, el agua de los mares, ríos, océanos, cascadas, glaciares, el aire, la lluvia, la nieve, las nubes, las estrellas, los astros, el firmamento y el sol.
El día, la noche, el hombre y la vida que hay en todo ello. Y poco después examina su propio cuerpo, gracias al cual puede contemplar, sentir y participar de tan magnífico espectáculo. Es inevitable que crea que existe un Ser superior increado capaz de obtener de la nada todo lo que integra el mundo que alcanza a conocer. Pues, hasta el día de hoy, el hombre aún no ha sido capaz de crear algo de la nada. Todo lo que conocemos y que forma parte de la historia de la evolución de la humanidad está hecho a partir de lo ya creado.
Artículo escrito por Silvia López
El hombre es la corona de la creación
Es tal la belleza, la delicadeza y sintonía de todo lo que hay en la creación que el hombre bueno, sencillo y puro de corazón no puede menos que rendirse a ella. Y creer en ese Ser superior, algo o alguien que está por encima de sí mismo que es bueno. Porque una verdad clara que se manifiesta en todo lo creado es la BONDAD. Toda la creación exhala bondad. Lamentablemente, nada en la creación, excepto el hombre, agrede o hace daño a terceros por voluntad propia únicamente si está movido por el instinto de la supervivencia. El hombre, sin embargo, dotado a diferencia de los otros seres vivos de inteligencia, voluntad y libertad, no cesa hasta meterse en el terreno del otro. Y ahí es donde comienza su infelicidad.
Así es, el hombre, a diferencia de los demás seres vivo, ha sido dotado de libertad, voluntad e inteligencia lo cual le permiten tomar sus propias decisiones y, desde la razón, puede llegar a la verdad de su existencia a través del conocimiento de su creador Dios que se manifiesta en todas las cosas creadas. Es patente que el hombre ocupa el centro de la creación, es su corona, porque toda la creación está a su servicio. Si bien él debe hacer un buen uso de ella respetándola y custodiándola. El mismo hombre, cuando es capaz de ser bueno, cuando deja de pensar en sí mismo para atender a quien está necesitado, cuando comparte, dona, ayuda, sonríe, hace amigos, es responsable, es feliz. En esas situaciones, el hombre siente que participa de la divinidad de ese Ser superior al que muchos llamamos Dios, por su omnipotencia y omnipresencia, pues todos los seres creados sin excepción exhalan su origen divino.
El hombre se siente ligado a ese Ser omnipresente que está en todos los lugares y que nadie puede ver. Tanto si está alegre como triste, es propio y natural que su persona reclame la necesidad de comunicarse con ese Ser superior al que llama Dios. A Dios no lo ha visto nadie, pero está presente en toda la creación. La perfección, la belleza, la armonía, o los dulces sonidos que emanan de ella y que el hombre es capaz de plasmar e interpretar en el arte, la música, la literatura y el canto permiten conectar a la humanidad con Dios. Por esto, al contemplar una pintura, leer un hermoso poema o al escuchar una pieza musical el hombre siente que su espíritu se expande y se eleva a un estado de plenitud.
Santa Teresita del Niño Jesús escribe palabras muy hermosas acerca de la naturaleza buena del hombre. Son las que siguen, “Amemos, pues, amemos ya que sólo para amar se hizo nuestro corazón”. Amemos, y a cualquier grado que hayamos llegado de la vida espiritual, no vacilemos en entrar en la vida del amor, ni en desear y pedir por encima de todo el amor. Y Dios, al concedernos este don, nos dará la inteligencia de él, porque puede uno equivocarse. Pero, no se extravía nadie siguiéndolo” (Martín, 2018, p. 66).
De otra parte, Guardini nos revela una perspectiva del amor ligada al corazón. “La verdadera justicia de sentimientos sólo es posible cuando está dominada por una actitud que ya no tiende a justificarse por la reciprocidad, sino por la libre fuerza creativa del corazón. Sólo entonces se despierta el verdadero amor. Éste ya no depende de la actitud del otro; por eso es libre para la pura realización de su esencia. Está más allá de las tensiones de la justicia. Es capaz de amar incluso cuando el otro le da, aparentemente, derecho a odiar. Y así es como puede erradicar y superar el odio, y practicar la auténtica justicia del corazón. El verdadero amor enseña a entender quién es el otro en lo más íntimo de su persona, en qué consiste su injusticia, hasta qué punto ésta quizá no es injusticia, en su sentido más profundo, sino herencia, fatalidad, miseria humana” (Guardini, 2009, p. 119-120).
La Espiritualidad
Todo en la creación exhala armonía y bondad. La inmensidad del mar, los deliciosos colores de las flores y su perfume, la sonrisa de un recién nacido, la amistad, el amor, la fidelidad en el matrimonio, velar por los hijos. Todo aquello que evidencia la infinita grandeza del hombre, su capacidad de amar, de crecer en valores y virtudes, de inventar, de mejorar la calidad de vida de las personas, su capacidad de superarse y progresar; su fortaleza y voluntad. En esos momentos, el hombre sencillo y puro de corazón, ahí precisamente vislumbra reflejada la imagen de Dios. Experimenta que todo es bueno, que todo está hecho para provecho suyo y, consecuentemente, de modo innato surge la necesidad de gratificar a Dios por todo el bien que le procura. Ese sentimiento que tiene el hombre de ser parte integrante de la creación, la paz que experimenta cuando la contempla alejado del ruido de lo mundano, y la necesidad que fluye de lo más íntimo a él que le mueve a ser agradecido con Dios es a lo que llamamos ESPIRITUALIDAD.
Petersen la define como:
“Un conjunto de sentimientos, creencias y acciones que suponen una búsqueda de lo trascendente, sagrado o divino. En tanto representaciones acerca de un poder final último, contribuyen a dar un sentido y propósito en la vida, y orientan la conducta de las personas, sus relaciones interpersonales y su forma de sentir y pensar, tanto a la realidad como a sí mismos”. (Petersen, 2008).
La religiosidad del hombre
Alessi, en su libro “Los caminos de lo sagrado”, defiende que el hombre desde sus orígenes siempre ha sentido la necesidad de explicar su existencia, de darle un sentido a su vida. La dureza de su vida cotidiana en la prehistoria, los obstáculos diarios a los que tenía que enfrentarse. Ya entonces, el hombre era consciente de su pequeñez frente a la grandeza de la naturaleza. Las maravillas que sostiene el firmamento, los astros, la luna, el sol, las estrellas, de los fenómenos naturales. En consecuencia y de modo innato, creía en la existencia de un ser superior a él y a todo lo que alcanzaban sus ojos a ver. Vaticinaba que todo lo que podían contemplar sus ojos él mismo eran obra de otro, no le podían pertenecer ni tener dominio sobre todo ello.
La necesidad de ser auxiliado en momentos críticos o de darle gracias por las bondades de la vida, movieron al hombre a buscar a ese ser superior, y que, dependiendo de culturas, le llamó, luna, sol, tierra, fuego, etc,. Y, si bien con medios primarios, le hizo ofrendas en acción de gracias o le suplicaba que cooperara a su favor en sus necesidades. Este sentimiento de agradecimiento y de saberse escuchado y reconocido como parte integrante de la creación es a lo que llamamos “religión”, que viene de “religare” que significa unir. (Alessi, 2004, p. 68-69). Si bien la religiosidad del hombre primitivo comenzó con medios elementales, con el tiempo se ha ido convirtiendo en lo que ahora conocemos como religión de un pueblo o de una cultura.
La espiritualidad en la vejez
Según la OMS “después de los 60 años, la discapacidad y la muerte sobrevienen en gran parte debido a las pérdidas de audición, visión y movilidad relacionadas con la edad y a las enfermedades no transmisibles, que incluyen las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer y la demencia” (OMS, 2015). Debido a lo cual, los sentidos y los reflejos de las personas mayores se deterioran, el carácter se malogra y, en muchos casos, los familiares más queridos como el esposo o la esposa fallecen y la soledad y la tristeza se hacen inseparables de los mayores.
No obstante, es relevante la percepción que cada adulto tiene de su propia decadencia en lo fisiológico, psicológico, y en sus relaciones sociales. Porque el bienestar de la vida futura de quien envejece, estará marcado en gran medida por la actitud positiva o negativa con la que aborde un hombre esta etapa de su vida. Una investigación reciente publicada en Personality and Individual Diferences sugiere que la auto-percepción del envejecimiento puede influir en el compromiso social y cognitivo de la edad adulta. Que una percepción negativa favorece el estatismo por falta de motivación mientras que la actitud positiva, estimula las actividades cognitivas y las prolonga en el tiempo (Robertson y Kenny, 2016).
También debe tenerse en cuenta que el anciano, sin el cariño y apoyo familiar adecuados, puede llegar a alcanzar el desánimo y progresar hacia un estado de soledad. Adela et al., afirman: “Los sentimientos de soledad y abandono se producen por el distanciamiento de la familia y seres queridos, los hijos se independizan y los familiares y amigos van muriendo; la soledad desemboca en falta de aprecio y en una inseguridad en sí mismos” (2012, p. 71).
Frente a todo lo cual hay quien defiende la necesidad de una vida espiritual como parte integrante de la vida de la persona, pero de modo esencial y vital en la vejez. El artículo Niveles de bienestar espiritual y de fortaleza relacionados con la salud en adultos mayores manifiesta que existen diferencias en las respuestas adaptativas tanto conductuales como fisiológicas en los momentos de ansiedad que vive el individuo mayor de 65 años y por tanto existe una “inclinación para encontrar significado en la vida por medio de un sentido de interrelación con algo mayor, que trasciende el yo y lo fortalece” (Whetsell et al, 2005). Galiana et al., (2016) llevan a cabo una revisión bibliográfica que exponen en el artículo Envejecimiento y espiritualidad: estructura factorial y fiabilidad a dos escalas. Los resultados del estudio evidencian, 1. La espiritualidad como efecto protector frente a la pérdida del cónyuge, la depresión y los sentimientos de falta de significado de la vida; 2. Un efecto positivo de la espiritualidad sobre el bienestar; 3. La importancia de la espiritualidad para alcanzar exitosamente el envejecimiento.
BIBLIOGRAFÍA
- Adela Herrera, P., y Andrés Guzmán, H. (2012). Reflexiones sobre calidad de vida, dignidad y envejecimiento.
- Revista Médica Clínica Las Condes, 23(1), 65-76. DOI: 10.1016/S0716-8640(12)70275-4
- Galiana, L., Sancho, P., Oliver, A., Tomás, J.M., y Calatayu, P. (2016). Envejecimiento y espiritualidad: estructura factorial y fiabilidad de dos escalas. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 51 (5), 265-269. DOI:10.1016/j.regg.2015.12.006
- OMS. Organización Mundial de la Salud. (2015). 10 Datos sobre el envejecimientos. Consultado en http://www.who.int/features/factfiles/ageing/ageing_facts/es/
- Petersen, C. S. (2008). Espiritualidad en la Tercera Edad. Psicodebate, (8), 111-118. ISSN 1668-5024 Recuperado de www.unlz.edu.ar/sociales/hologramatica.
- Robertson, D. A., y Kenny, R. A. (2016). “I’m too old for that” — the association between negative perceptions of aging and disengagement in later life. Personality and Individual Differences. DOI: 10.1016/j.paid.2016.03.096
- Whetsell, M. V., Frederickson K., Aguilera, P., Maya, J.L. (2005). Niveles de bienestar espiritual y de fortaleza relacionados con la salud en adultos mayores. Aquichan, 4 (1), 73-85. Recuperado de http://aquichan.unisabana.edu.co/index.php/aquichan/article/view/61
- G. Martín. (2018). El caminito de infancia espiritual. Según la vida y escritos de Santa Teresita del Niño Jesús. Ed. Rialp: Madrid.
Las razones expresadas son algunas por las cuales Active aging +50 sugiere que la espiritualidad es un elemento constituyente de la naturaleza humana y, por tanto, fundamental para afrontar no sólo las etapas del desarrollo biológico y personal de la propia vida sino también y, de modo relevante, el envejecimiento. Por todo ello, Active aging +50 considera que la espiritualidad es relevante y clave como recurso personal para afrontar positivamente el proceso del envejecimiento y como elemento favorecedor de la calidad de vida.
Se adjunta una lista de libros que os ayudarán a profundizar en este tema y también os facilitará vías para orientar positívamente vuestra espiritualidad.
- Amigos de Dios. José María Escrivá de Balaguer. 2001. Ed. RIALP. https://amzn.to/2A2RFUW
- Cartas a las mujeres, las familias, los niños, los jóvenes y los ancianos (Documentos MC). Juan Pablo II. 2004. Ed. Palabra. https://amzn.to/2BsDvN7
- El caminito de infancia espiritual. Según la vida y escritos de Santa Teresita del Niño Jesús. Gabriel Martín. 2018. Ed. Rialp: Madrid. https://amzn.to/2UVnzMj
- El fin del Alzheimer. Dale Bredesen. 2018. Ed. Grijalbo. https://amzn.to/2R5CunI
- El hombre y su destino. Karol Wojtyla. 1998. Ed. Palabra. https://amzn.to/2A4RZCW
- El Señor. 2008. Romano Guardini. 3ª Ed. Cristiandad. https://amzn.to/2SwOJYh
- Fe y razón. Juan Pablo II. 1998. Ed. BAC. https://amzn.to/2GngZL9
- Fundamentos de Psicología. Para Ciencias Sociales de la Salud. Mª Luisa Delgado Losada. 2014. Ed. Panamericana. https://amzn.to/2yPdw1E
- La alegría del amor: Amoris laetitia (Encíclicas). Papa Francisco. 2016. Ed. San Pablo. https://amzn.to/2S2bvql
- La Familia: Familiaris consortio. Juan Pablo II. (Encíclicas). 1998. Ed. San Pablo. https://amzn.to/2Bq1qwp
- Los caminos de lo sagrado: Introducción a la filosofía de la religión. Adriano Alessi. 2004. Ed. Cristiandad, S.L.
- Mi visión del hombre. Karol Wojtyla. 1998. Ed. Palabra. https://amzn.to/2Gm7Y4Q
- Nuevo Testamento. Con comentarios. 2002. Ed. EUNSA. https://amzn.to/2A0ulHC
- Pensar bien, sentirse bien: Nada justifica el sufrimiento innecesario. Walter Riso. 2015. Ed. Zenith. https://amzn.to/2GmqB91
